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Dos estilos de enfrentar las emergencias

Las catástrofes naturales ponen a prueba mucho más que la capacidad logística de un gobierno. También revelan el liderazgo de quien ocupa la Presidencia de la República. En las últimas jornadas, el intenso temporal que golpeó con fuerza a las regiones de Atacama y Coquimbo permitió observar una diferencia evidente en la forma de enfrentar una crisis.

El Presidente José Antonio Kast optó por trasladarse rápidamente a las zonas afectadas, recorrer los sectores damnificados, reunirse con autoridades locales y supervisar en terreno el despliegue de los equipos de emergencia. Su presencia no resolvió por sí sola la tragedia, pero transmitió una señal de conducción, compromiso y cercanía con quienes enfrentaban las consecuencias del sistema frontal.

A ello se sumó una respuesta institucional que incluyó la declaración de estados de excepción, el despliegue de las Fuerzas Armadas, la activación del sistema SAE y la coordinación de SENAPRED para apoyar evacuaciones y rescates. Aunque siempre existen aspectos por mejorar —como haber anticipado el estado de excepción en algunos sectores de Coquimbo y la Provincia del Huasco—, la sensación general fue la de un gobierno presente y tomando decisiones.

El contraste con la administración anterior resulta, para muchos ciudadanos, evidente. Durante diversas emergencias, el Presidente Gabriel Boric fue cuestionado por la demora en trasladarse a las zonas afectadas y por una percepción de menor presencia en los momentos iniciales de las crisis. Más allá de las explicaciones que pudieran existir sobre coordinación o protocolos, la imagen pública que quedó instalada fue la de un mandatario que aparecía cuando gran parte de la emergencia ya estaba en desarrollo.

En política, las percepciones también importan. Un Presidente no solo administra recursos; también entrega confianza. Ver a la máxima autoridad recorriendo el barro, conversando con vecinos, escuchando a los equipos de rescate y monitoreando personalmente la situación genera una sensación de acompañamiento que la ciudadanía valora, especialmente en momentos de incertidumbre.

Las emergencias exigen decisiones rápidas, liderazgo visible y coordinación efectiva. Este temporal dejó la impresión de que el país cuenta hoy con una conducción más activa en las primeras horas de una catástrofe. Eso no significa que la gestión haya sido perfecta ni que no existan errores por corregir, pero sí permite apreciar un cambio de enfoque respecto de administraciones anteriores.

Las comparaciones entre gobiernos siempre estarán sujetas al debate político. Sin embargo, cuando el objetivo es proteger vidas y asistir a quienes lo han perdido todo, el liderazgo oportuno, la presencia en terreno y la rapidez en la toma de decisiones son elementos que la ciudadanía observa con atención. En esa dimensión, este temporal parece haber marcado una diferencia que difícilmente pasará inadvertida.

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