Cinco Imacec en rojo: el país se acerca peligrosamente a una recesión y el Gobierno pierde la confianza ciudadana

Cinco meses consecutivos de cifras negativas en el Imacec ya no pueden calificarse como una mala racha. Son la evidencia de una economía que perdió dinamismo y que hoy avanza peligrosamente hacia una recesión técnica. Si las cifras de actividad continúan deteriorándose y el segundo trimestre termina nuevamente en terreno negativo, Chile entrará oficialmente en un escenario recesivo. Y esa sería una noticia devastadora para millones de familias.
Las señales son alarmantes. El desempleo ya alcanza el 9,4%, el nivel más alto en cinco años. El Banco Central redujo nuevamente las expectativas de crecimiento para este año a un rango entre 1,0% y 1,75%, mientras la inflación vuelve a presionar el bolsillo de los chilenos, con una proyección anual de 4,2% al cierre de 2026. Hablar de un crecimiento cercano al 1,5% en estas condiciones no es una buena noticia; es la confirmación de una economía prácticamente estancada y es culpa directa de este gobierno.
El conflicto en Medio Oriente elevó el precio internacional del petróleo, pero la decisión del Gobierno de no implementar mecanismos extraordinarios para amortiguar el impacto sobre los combustibles terminó trasladando ese costo directamente a las familias. Cuando sube la bencina no solo se encarece llenar el estanque de un automóvil. También aumentan los costos del transporte, de la producción, de la distribución y, finalmente, de los alimentos y de prácticamente todos los bienes de consumo cotidiano. La inflación no golpea por igual: castiga especialmente a la clase media y a los sectores más vulnerables.
La gran promesa era reactivar la economía. Se habló de recuperar la confianza, de volver a crecer y de devolverle el dinamismo al sector privado. Sin embargo, seis meses después, el panorama es diametralmente opuesto. Las pequeñas y medianas empresas siguen enfrentando un mercado deprimido, con menor consumo, escasa inversión y una demanda que simplemente no despega.
La decepción ciudadana comienza a reflejarse también en las encuestas. El rechazo al Gobierno ronda el 60%, una señal inequívoca de que una parte importante del país siente que las expectativas generadas durante la campaña no se han cumplido. En política, la paciencia de la ciudadanía tiene límites, especialmente cuando la economía afecta directamente el empleo, los ingresos y la calidad de vida.
Y allí aparece un riesgo que trasciende a cualquier administración. Cuando los gobiernos no logran entregar resultados concretos, el espacio político comienza a ser ocupado por propuestas cada vez más radicales y populistas. La historia, tanto en Chile como en el resto del mundo, demuestra que las crisis económicas suelen convertirse en el mejor combustible para los extremos.
También resulta evidente que el Ejecutivo no ha conseguido generar el clima de confianza necesario para movilizar la inversión privada, en pocas palabras … no tiene peso para incidir en el mundo privado. Independientemente de las responsabilidades que puedan atribuirse a factores externos o a la situación heredada, la percepción instalada es que el Gobierno aún no logra convencer a buena parte del mundo empresarial respecto del rumbo económico del país. Sin inversión no hay crecimiento; sin crecimiento no hay empleo; y sin empleo no existe bienestar sostenible.
El resultado es un círculo vicioso del que Chile necesita salir con urgencia.
La economía no entiende de relatos políticos ni de discursos optimistas. Responde a la inversión, a la productividad, a la confianza y a reglas claras. Cuando esos elementos faltan, las cifras hablan por sí solas.
Cinco Imacec consecutivos en negativo, un desempleo cercano a los dos dígitos, inflación persistente y expectativas de crecimiento cada vez más bajas constituyen un llamado de atención que ningún Gobierno debería minimizar.
La ciudadanía votó esperando una recuperación económica. Hoy observa con preocupación un país que pierde dinamismo y que se aproxima a un escenario que parecía impensado hace apenas algunos meses. El desafío del Ejecutivo ya no consiste en explicar las cifras, sino en revertirlas antes de que la recesión deje de ser una amenaza para convertirse en una realidad.



