La economía chilena no levanta cabeza y va a la baja este año 2026
La economía chilena enfrenta un escenario cada vez más complejo durante 2026. El último Informe de Política Monetaria (IPoM) del Banco Central confirmó un deterioro de las expectativas de crecimiento, reduciendo la proyección del Producto Interno Bruto (PIB) para este año a un rango de entre 1% y 1,75%, una cifra inferior a la estimada anteriormente y que refleja una actividad económica debilitada.
El organismo emisor atribuye parte importante de este ajuste al menor desempeño de sectores estratégicos como la minería, la agricultura y la pesca, además de un contexto internacional marcado por la incertidumbre derivada del conflicto en Oriente Medio.
Uno de los efectos más visibles de la guerra ha sido el fuerte aumento del precio internacional del petróleo, situación que se trasladó rápidamente al mercado chileno mediante un incremento en el valor de los combustibles. Como consecuencia, la inflación anual alcanzó un 3,9% en mayo, impulsada principalmente por el mayor costo de las gasolinas y el diésel, elevando los costos de transporte, producción y distribución de bienes y servicios.
Aunque el Banco Central mantiene su expectativa de que la inflación vuelva al entorno de la meta del 3% durante el segundo trimestre de 2027, advierte que el escenario continúa sujeto a una elevada incertidumbre y dependerá en gran medida de la evolución del mercado energético internacional.
A las presiones externas se suma un factor interno que diversos analistas consideran relevante para explicar la desaceleración: el recorte del 3% del presupuesto de todos los ministerios, medida implementada como parte del ajuste fiscal del Gobierno.
La reducción del gasto público ha significado una menor ejecución de proyectos de inversión, retrasos en licitaciones y una disminución del ritmo de contratación de bienes y servicios por parte del Estado. Este menor dinamismo ha tenido efectos sobre empresas proveedoras, constructoras y miles de pequeñas y medianas empresas que dependen de la actividad pública para mantener sus operaciones.
El propio Banco Central ha señalado que un menor gasto fiscal constituye uno de los elementos que explican la rebaja en las proyecciones de crecimiento para 2026, junto con el deterioro del escenario internacional y el débil desempeño de sectores productivos ligados a los recursos naturales.
En este contexto, el consumo privado también comienza a mostrar señales de agotamiento. La pérdida de poder adquisitivo provocada por el aumento del costo de la energía y del transporte, sumada a una mayor cautela de los hogares frente a la incertidumbre económica, ha moderado las decisiones de gasto e inversión.
Mientras tanto, el mercado espera que una eventual normalización del precio del petróleo y una recuperación de la inversión permitan mejorar el panorama durante 2027. Sin embargo, por ahora, las cifras oficiales reflejan una realidad distinta: crecimiento por debajo del 2%, inflación todavía por encima de la meta y una actividad económica que continúa perdiendo impulso.
Con un escenario internacional aún volátil y una política fiscal orientada a la contención del gasto, Chile enfrenta un 2026 marcado por un crecimiento moderado, mayores costos para las familias y el desafío de recuperar el dinamismo económico sin poner en riesgo la estabilidad de las cuentas públicas.



